La noche más larga

Uno de los primeros puestos del Inspector Mijares cuando entró en el cuerpo de la Policía Nacional era bastante aburrido. Formaba parte del séquito de chóferes del Coronel José Antonio Sáenz de Santamaría, quien tras su gran carrera militar ocupaba en aquel primer año de la década de los ochenta, el puesto de director del Cuerpo.

No era el Coronel hombre trasnochador y durante los dos primeros meses de su destino siempre tuvo turno de noche por lo que los días que el coronel salía tarde del trabajo, lo llevaba a su residencia y ya no volvía a saber de él; en otras ocasiones ni siquiera lo veía.

Ese día del mes de febrero llegó a su destino sobre las seis de la tarde. Ya estaba el coronel en su casa, por lo que no esperaba tener que hacer nada hasta las seis de la mañana que llegara su relevo. Sin embargo, casi una hora mas tarde levantó la vista del libro que leía para ver aparecer corriendo al coronel, poniéndose aún el abrigo y con un maletín en la mano.

Salió del coche para abrirle la puerta extrañado.

—¡Al Hotel Palace cagando leches!

El inspector Mijares se montó en el coche, puso la sirena y junto al ¡Uuuuh, Uuuuh! de la misma y la luz giratoria azul, salió a toda velocidad como alma que lleva el diablo.

No se atrevió a preguntar nada, solo condujo lo mas rápido que pudo y en menos de quince minutos estaba en su destino.

Bajó del coche para abrirle la puerta, pero el coronel ya había salido abriéndola el mismo y sin ni siquiera girar la cabeza, se dirigió al Hotel.

Vio con asombro como otro coche llegaba y de él se bajaba el coronel Aramburu Topete, quien siguió la misma senda que su pasajero y ambos desaparecieron tras la puerta acristalada que abría el botones con librea.

—¿Que coño pasa? —preguntó Mijares.

—¡Hostias! —dijo el otro chófer temblando aún—. Han entrado en el congreso y están dando un golpe de estado. ¡En Valencia han sacado los carros, chico! Esto se pone feo.

Encendió un cigarrillo y tras ofrecerle otro a Mijares ambos se apoyaron en el coche, y contemplando el etéreo humo que desprendían, no dijeron una sola palabra mas. Todo podía cambiar en su país, la democracia que apenas unos años atrás habían conseguido parecía perderse.

Durante la noche hubo mucho ajetreo en la zona: vio aparecer a varios mandos del Ejercito y de la Guardia Civil. Vehículos militares y de la Policía Nacional pasaban en uno y otro sentido a toda velocidad. A través de la radio del coche siguió el discurso del Rey, quien instaba a los golpistas a deponer las armas.

Con los albores del amanecer llegó un coche patrulla con su sustituto.

El inspector Mijares volvió a casa y se preparó una jarra de café, no iba a poder pegar ojo. Encendió la radio y la televisión y siguió entre ambas el curso de la historia con miedo. No se había metido en el cuerpo para formar parte de los grises que tanto daño hicieron en la dictadura.

Horas después, la noticia de que el golpe había fracasado le llenó de alegría y esperanza y le permitió quedarse dormido en su sofá sonriendo.

1 thought on “La noche más larga

  1. No miento si al final de tu relato tenía los pelos de punta. Me parece fascinante, y más habiendo leído tu anterior relato, como consigues mantener la atención del lector. La intriga y el suspense que tejes muy bien en tus textos. ¡Es un puntazo! Deseando seguir leyéndote, ¡sigue así!
    Cometa.

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