Tormenta de verano

Fue el último verano que pasamos todos juntos, aunque en aquellos días ninguno de nosotros podía intuirlo.

Una vez todos habíamos cumplido la mayoría de edad y aprovechando que los protectores padres de Teresa empezaban a dejarla disfrutar de la vida, decidimos ir a pasar unos días al camping de Tarifa, donde podríamos disfrutar de sol, playa y amigos.

Salimos el jueves de nuestro pueblo. No había obligaciones laborales ni académicas y así sería mas sencillo coger un buen sitio en el camping.

Tras montarlo todo, dos grandes tiendas, y comprar algunas cervezas frías en el supermercado del camping, nos fuimos a la playa.

La sensación de la arena fina en mis pies siempre me llenaba de energía. Esa sensación de pisar pan rayado, con esa arena tan fina y amarilla, me encantaba aunque por desgracia pocas veces podía disfrutarla.

Los chicos corrieron al agua, haciéndose los gallitos, mientras las chicas empezábamos a untarnos en crema solar.

Teresa era la mas joven de nosotras, prima de Ana, siempre había estado en nuestro grupo porque así sus padres estaban más tranquilos. Era una buena chica, sencilla y estudiosa, nunca la oirías ir contra nadie, siempre con sus ganas de ayudar. Su foto debería estar al lado de la palabra bonhomía en la RAE, en lugar de en ese aquel cartel que aun conservo junto a fotos y recuerdos.

Pasamos un fantástico día: comimos bocadillos y bebimos en la playa, el calor era sofocante y el aire estaba calmado, cosa rara en Tarifa.

Cuando volvíamos a la parcela escuchamos a un hombre comentarle a otro: «Te lo digo yo, esta humedad trae tormenta. Esta noche verás». No pensé que pudiera tener razón, aunque todos los veranos llueva en un momento u otro. Claro que tener en el mismo día mi otra sensación favorita, el olor a tierra mojada, se me antojaba delicioso.

Cuando salimos de las duchas, el cielo se había encapotado de sopetón. Yo me había quedado la última, Ana y Teresa hablaban fuera, con sus toallas colgadas del hombro y el neceser bajo el brazo, con un hombre de unos cuarenta años, con el pelo recogido en una coleta y oscuras gafas de sol.

-¿Y los chicos?- Pregunté al acercarme.

-Se han ido a la tienda, son mas rápidos. ¿Ya estas?

-Si, vamos.

-¿Me dejáis así?- dijo el hombre sonriendo.

-Si- dijo Ana. -Nos volvemos con nuestros amigos, habrá que preparar la noche, que parece que va a llover.

-De acuerdo, a ver si hay suerte y nos vemos de nuevo por aquí.- Se despidió.

-¿Quien es ese?- Pregunté mientras nos alejábamos.

-Un pavo que estaba hablando con esta cuando salí de las duchas- respondió Ana. -Con lo joven y guapa que es y la de tíos buenos que hay aquí… no sabe elegir.- Concluyó riendo.

-Se ha acercado él, yo no le he dicho nada- refunfuñó Teresa.

Al poco de llegar a la parcela, la lluvia comenzó. No lo hizo levemente, sino con un gran estruendo. Las gotas comenzaron a caer y la gente corría desde los caminos, las duchas y la playa a sus parcelas o al bar. La mayoría se resguardaban en sus tiendas tras meter en los avances los zapatos, las toallas o cualquier otra prenda de ropa u objetos que no quisieran ver empapados.

No fue una nube, fue bastante intensa y tardó en parar.

La cena la hicimos en nuestra tienda, con pan de molde y jamón cocido. Mandamos a los chicos al bar por un par de litros de cerveza y volvieron calados.

-No salimos más- protestó Pedro.

-Ven acurrúcate aquí, que yo te seco- le dijo Ana con picardía.

El tonteo que se traían desde hace unos meses ya empezaba a ser empalagoso.

-¡Iros a un motel!- repliqué yo y todos, menos ellos, rieron.

Así continuamos y con el ruido de las gotas sobre el plástico de la tienda, el cansancio del viaje y las cervezas, el sueño se fue apoderando de nosotros. Los chicos se fueron a su tienda, tras intentar jugar al strip poker sin ninguna aceptación por nuestra parte.

Con el recuerdo de la arena aun fresca en mis pies, el olor a tierra mojada y el repiqueteo del agua me dejé dormir, justo un instante después de oír en la lejanía la voz de Teresa susurrando.

-Vuelvo enseguida, tengo que mear.

Estoy segura que de haber pensado que quizás serían sus últimas palabras, no hubiera elegido esas.

1 thought on “Tormenta de verano

  1. No sé que me ha gustado más, si como has ido tejiendo la historia, el suspense, las ganas de gritar a la protagonista que no deje a Teresa sola, o las últimas palabras de esta. Me encanta leer relatos breves donde se va construyendo la tensión y la historia y el final te deja con muy buen sabor de boca.
    ¡Espero que sigas participando! Tengo muchas ganas de ver como vas incorporando el reto de Writember a tus historias, por ahora has sacado sobresaliente.
    Cometa.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s